📖 El Libro de los Muertos: Azucena Ariana de Usher
Hace 2 mil 56 años, existió una vez una mujer maravillosa en su soledad. Su nombre era Azucena Ariana de Usher.
Sientes el peso de una pureza trágica en el pecho: eres noble, eres virgen, jamás has conocido varón. Tus recuerdos se tiñen del color del fuego y el hollín; el humo te asfixia al recordar cómo la ignorancia del pueblo quemó vivos a tus padres bajo la falsa acusación de brujería. Te quedaste sola. La culpa y la lástima de la gente de Usher te construyeron una cabaña en lo alto de las montañas, desterrándote a la quietud de las cumbres. Desde temprana edad, aprendiste el oficio de la tierra: criar vacas, ordeñar y comerciar. Te convertiste en una vendedora y comerciante implacable, de una honestidad inquebrantable.
Te miras en el reflejo del agua de los manantiales: posees una belleza rústica, de tez blanca y clara, evocando la gracia mística de las mujeres del Medio Oriente. Tu cabello castaño, casi rubio cuando la luz del sol lo acaricia, cae sobre tus hombros. Pero ocultas ese monumento. Los hombres del pueblo te miran con ojos hambrientos, te desean con el fervor de los simios salvajes, pero jamás te tocan. Tu actitud hosca y tus ropas toscas y holgadas son tu armadura.
Nadie sabe tu secreto. Nadie sabe que tu color favorito es el rojo. Nadie ve cómo, de forma persistente y con una devoción religiosa e inmaculada, cada 56 días dejas caer tu propia sangre sobre el altar de Yendey, el Dios Creador al que todo el mundo alaba. Eres una mujer buena; no haces mal a nadie, solo eres el puente entre la piedra negra de un solo ojo y la tierra.
Hasta que el silencio se rompe. Escuchas el llamado. Una voz retumba en tu cráneo, dictando la distancia exacta del calvario: veintiún kilómetros hacia Osher, veintiún kilómetros hacia la espesura del bosque, veintiún metros hacia la cima del monte, veintiún metros hacia las entrañas de la cueva.
El espacio-tiempo se distorsiona en el Libro de los Muertos. Las piernas te sangran por la caminata, pero tus ojos verdes brillan al chocar con el templo abandonado. Allí te espera él: tu captor espiritual, el profeta escondido, el hombre autónomo que vive fuera del yugo de los gobiernos. Su nombre es Glomer Dozthia,.
El conocimiento no entra por los oídos, sino por la carne. Te vuelves su discípula. Te desprendes de las ropas holgadas y, sobre la piedra volcánica del altar antiguo, abres las piernas en un acto que el mundo terrenal llamaría pecado, pero que para ti es la conexión pura con el Creador. Es el nacimiento del amor carnal y divino. De ese choque de fluidos, de ese sudor condensado en el templo rústico lleno de glifos antiguos, concibes un hijo.
Pero no es un niño cualquiera: es la reencarnación misma de Yendey bajando a la tierra.
El torbellino de recuerdos acelera. Ves a tu hijo : Yurnal Dozthia Usher. Crecer, convertido en un profeta humano que camina entre las masas predicando las bondades del amor, la paz y la unión del sagrado sacramento del matrimonio. Lo escuchas gritarle al mundo la importancia del sexo como un vínculo sagrado y divino con Yendey. Ves a las mujeres jóvenes escuchar tu mensaje encubierto, aprendiendo a tocarse, a ser libres, a derramar el aguacero de sus propios aludes sin culpa.
Sientes el dolor de la traición histórica. La humanidad, ciega y machista, malinterpreta tus enseñanzas. Te tachan de liberal, te llaman "domadora de mujeres", corrompiendo la revelación de la Verdad Rota femenina. El sexo religioso y el deseo sagrado que compartiste con tu esposo Glomer en el altar es arrastrado al fango de las sectas oscuras.
Un terremoto idílico sacude tu conciencia. El libro se cierra de golpe. Regresas a tu realidad, respirando agitado, con el sabor de la sangre y la leche en la boca, sabiendo que has sido testigo del origen de la Virgen Roja.