Para mas informacion enlace :
https://www.webnovel.com/es/book/%22bajo-la-mirada-de-las-diosas-el-ascenso-del-short-king-en-el-harem%22_35312474400799305
Desde hace un tiempo, digamos unos 75 días, estoy escribiendo una novela llamada: Bajo la mirada de las diosas: el ascenso de Short King en el harem. Es muy buena, me gusta, pero me consume mucha energía porque uso elementos que tocan fibras muy sensibles de mi ser como mujer y como ser humano. Luzsil sufre de disfasia; es una mujer que desde que nació no pudo comunicarse adecuadamente. Es humillante para ella recibir críticas o que los hombres deseen aprovecharse de su condición solo por ser una persona con discapacidad o con habilidades especiales.
Analuz Sonemi es su madre, pero lejos de ayudarla, siente celos de su propia hija y de su posición económica, porque a los 19 años de la joven, ella no tenía las oportunidades que hoy tiene su hija. Analuz padece de un síndrome de Peter Pan agresivo y una doble personalidad que ella tituló como «Kowappa», quien tiene 17 años eternos y es una depredadora capaz de humillar a cualquier hombre si siente que está en peligro. No es una femme fatale, es más que eso; es, en esencia, la Diosa del Caos Administrado. Ya sobrepasé las 110 mil palabras en 60 capítulos y aún no llego al final, pero falta muy poco; solo espero poder terminar en los siguientes días para seguir con mi próximo proyecto: Bienvenidos a 1995: Como Lolita te escribo, Mi Clou.
Y sí, todos mis proyectos son de mujeres. También tienen razón: algunas de mis mujeres o hijas literarias son víctimas y otras victimarias, pero todas son rebeldes, luchan y, así pierdan la batalla, siguen adelante. No hay pecado en ser mujer; el pecado es no haber aprendido a ser una mujer del siglo 21 sin importar tu opción sexual. Una mujer es más que grandes pechos y un buen culo. Una mujer es valiente, emocional y, por lo mismo, rica en su mundo psíquico; es poder, es sexi, pero para embellecer su personalidad, no para glorificar al hombre.
Es independiente y ama los dos polos opuestos; disfruta mucho exprimiendo hasta la última gota de sus amantes en experiencia y romance: novios, esposos, tu compañero o compañera. Pero también, cuando está sola —o mejor dicho, la mujer nunca está sola, solo se dio un tiempo para meditar y reflexionar—, aprende a amar su soledad, su silencio y su cuerpo en privado. Porque no hay mejor caricia que la que tus manos y tu mente dibujan en tu sagrada piel.
Con amor: Eva María Sagasti Mercier_21 💜

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