martes, 2 de junio de 2026

DIARIO Nro: 03




Vivir mi vida no es nada fácil. La presión de trabajar y rendir como psicóloga calificada, aparte de tratar de sonreír pese a mis inseguridades, a mis errores, a quién fui en el pasado y a quién soy ahora, es sórdido y abrumador. ¿Dirán que estoy exagerando? Tal vez. Pero así soy, como alguna vez dijo mi abuela: "una cosa seria". Soy muy sensible, por eso puedo escribir cosas tan viscerales, crudas y emocionales; pero esa característica a veces se vuelve un defecto, un peso que cuesta mover.

Después de trabajar, subí a mi moto, una Yamaha NMAX Connected de 155 de cilindrada. Me gusta andar en moto por la ciudad, avanzar por las pistas que me llevan a mi destino viendo a las personas caminar hacia los suyos: señoras cruzando la calzada, niños jugando, conductores que intentan cerrarme el paso... Pero ninguno puede con mi habilidad en el manejo de una máquina sofisticada y rebelde.


Mientras el viento golpeaba mi casco en la avenida, la mente me seguía dando vueltas. Pensaba en las manchas rojas de esa paloma que vi por la mañana y en los ojos cansados de Tonny Navarro, mi paciente más solicitado, desnudando su depresión en mi diván. Conducir en medio de este caos es mi único escape. Al final del día, acortando distancias entre el consultorio y mi hogar, entiendo que escribir en este blog es la única forma que tengo de soltar el aire, de gritar mi propia verdad y de no ahogarme en el caos, el ruido de mi mente.


Atentamente, con amor. Eva Maria Sagasti Mercier*21

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  Como todo ser humano, vivo con intención. Siempre con indecisión; a veces me paso de la raya y otras abuso de mi exceso de confianza. Pero...