miércoles, 3 de junio de 2026

ODIO ESTA PARTE ME CAUSA DOLOR.

 "Odio Esta Parte me causa dolor... pero debia escribirlo si los incomodo lo siento pero por mas que intento escribir esta parte a distancia intelectual no puedo no me sale solo sale quien soy yo en verdad o tal vez quien fui..."


Gracias: Con Amor Eva Maria Sagasti Mercier*21.

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CAPITULO : 63 : LA PROFESORA. PARTE 02


Lleva a la tartamuda y la niña extiende la mano para despedirse de su mamá. La Dama de Den-Den-Chojo llora; se despide de su hija porque, pese a que es dura y casi siempre está molesta por no poder entenderla, es madre y le duele la condición, la enfermedad de su pequeña. Pero Luzsil no es una discapacitada; ella entiende todo lo que pasa a su alrededor. El fuego de su sabiduría no fue sellado, solo su voz, el hilo conductor de sus salivas de cristal. Por eso las palabras salen flotando, pero antes de llegar al emisor se estrellan contra el suelo, y las buenas gentes no logran entender ni una sola sílaba de las que lanza la pobre mujercita.

Al entrar al aula, la profesora Norma la presenta ante los demás alumnos de la clase. Le da la oportunidad, como buena profesora, de que ella tome el cetro y se presente como Dios manda. Luzsil lo intenta, pero duda. Siente miedo; sabe perfectamente lo que va a ocurrir en cuanto abra la boca. Es algo tan inevitable como la gravedad, como el sol que sale de día y la luna que se revela de noche.

—Muto gulto... yami Luzkil Dakacho... —alcanza a decir la tartamuda.

Pero los niños, sin importar la edad, la religión o el amor que sus padres les enseñaron a tener, se quedan mudos. Los ojos de la profesora se ponen rojos de ira, mientras los muchachos se ríen. No son risitas; son carcajadas sin miramientos. Se ríen sin tocarse el corazón. Luzsil siente cómo le colocan un yunque de acero sumamente pesado sobre la cabeza. Agacha la mirada de vergüenza. Odia su forma de hablar, odia haber nacido así al darse cuenta de que esas risas son burlas crueles ante una deficiencia, ante su propia naturaleza. Es algo que no podrá cambiar ni con mil dictados.

—Eres una estúpida vergüenza, LUZSIL BAKAACHO —sentencia la docente Norma—. Estás decepcionando a tu madre. Esa señora tan elegante tiene a una retardada mental en casa.

La tartamuda llora; le dolió en el alma lo que dijo la profesora. Piensa que es un error de la naturaleza que tal vez nunca debió nacer. ¿Por qué tuvo que venir al mundo? ¿Para provocarle dolor a su mami Analuz? ¿Para sufrir cuando la persiguen por el patio de juegos con el único fin de molestarla, pegarle goma de mascar en el cabello, escupirle o patearle las canillas? ¿Quién lo hace? ¿Quién lo hará? Niños y niñas, hombres y mujeres del mañana. Pero nadie los frena, nadie los mira; todos los justifican porque ante sus ojos está bien maltratar a una "retrasada mental", a una "tortuga de nacimiento", a una ecuación que simplemente no tiene resolución.

—Muy bien, como eres una niña muy malcriada, ve y pégate a la pared —ordena la docente Norma

—. Cuenta hasta 311 y luego ve a tu carpeta. Escribirás unas 53 veces: «No debo ser una tartamuda retrasada mental». A ver si así aprendes a ser más normal.

La tartamuda, sin decir más y ahogada en llanto, se acerca a la pared de color verde olivo. Se pega tanto a la superficie que casi pierde el equilibrio; une la frente y los pies al muro, completamente inmóvil. Cuenta en perpetuo silencio: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11... 40, 41, 42, 43, 44, 45... 80, 81, 82, 83, 84, 85... 150, 151, 152, 153, 154... Hasta que terminó de contar. Caminó hacia su carpeta, abrió el cuaderno y comenzó a escribir: «No debo ser una maldita tartamuda retrasada mental». Así, palabra por palabra, sílaba por sílaba, grabando cada matiz del insulto en su mente.

Al pasar otra hora, terminó de escribir. Sonó el timbre; llegó la hora del recreo, el único lugar donde la tartamuda se sentía libre y en paz. Pero al correr fuera del aula, la mano fuerte de la docente Norma la detuvo como un bloque de cemento.

—Tienes que terminar con tu castigo.

La tartamuda intentó explicar que ya había acabado, pero a pesar de que la profesora vio el cuaderno terminado, no la dejó salir. Cerró el aula con llave. Luzsil se quedó dentro de ese cuarto de cemento y pósteres con tablas de multiplicar. El aire allí está viciado, huele a tiza rosada y es insoportable. La tartamuda sueña con la libertad, con el aire, con el viento y con poder reír. Toda su vida ha sido golpes, críticas y palabras hirientes; tiene apenas seis años, pero ha vivido más dolor que cualquier adolescente y que ese noventa y siete por ciento de la humanidad que nació perfecto. Ella nació rota por dentro, y por más que luche, siente que jamás será igual a su mami, la perfecta Dama de Den-Den-Chojo.

Un tic violento se le instaló en la rodilla. Su pierna derecha empezó a temblar sin control, una respuesta física ante las humillaciones y el abuso de poder de una maestra incapaz de medir la crueldad de sus palabras. Luzsil, con apenas seis años, seguía sin comprender por qué diablos había nacido con disfaxia en un mundo tan hostil. Atrapada y desesperada, solo le quedaba llorar en un silencio asfixiante, enterrar los dedos en su largo cabello lacio y tirar de él con fuerza, intentando arrancárselo en busca de un dolor físico que aliviara el terror de su mente. Era el dolor provocado por quienes debieron protegerla; el precio que debía pagar para convertirse, algún día, en la perfecta Dama de Den-Den-Chojo... y no en una maldita lisiada.

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MI CARMESI INTENSO

  Como todo ser humano, vivo con intención. Siempre con indecisión; a veces me paso de la raya y otras abuso de mi exceso de confianza. Pero...